Categoría: Citas

Wells, increíblemente, no es nazi. Increíblemente, pues casi todos mis contemporáneos lo son, aunque lo nieguen o lo ignoren. Desde 1925, no hay publicista que no opine que el hecho inevitable y trivial de haber nacido en un determinado país y de pertenecer a tal raza (o a tal buena mixtura de razas) no sea un privilegio singular y un talismán suficiente. Vindicadores de la democracia, que se creen muy diversos de Goebbels, instan a sus lectures, en el dialecto mismo del enemigo, a escuchar los latidos de un corazón que recoge los íntimos mandatos de la sangre y de la tierra. Recuerdo, durante la guerra civil española, ciertas discusiones indescifrables. Unos se declaraban republicanos; otros, nacionalistas; otros, marxistas; todos, con un léxico de Gauletiter, hablaban de la Raza y del Pueblo. Hasta los hombres de la hoz y el martillo resultaron racistas... También recuerdo con algún estupor cierta asamblea que se convocó para confundir el antisemistismo. Varias razones hay para que yo no sea un antisemita; la principal es ésta: la diferencia entre judíos y no judíos me parece, en general, insignificante; a veces, ilusoria o imperceptible. Nadie, aquel día, quiso compartir mi opinión; todos juraron que un judío alemán difiere vastamente de un alemán. Vanamente les recordé que no otra cosa dice Adolfo Hitler; vanamente insinué que una asamblea contra el racismo no debe tolerar la doctrina de una Raza Elegida; vanamente alegué la sabia declaración de Mark Twain: "Yo no pregunto de qué raza es un hombre; basta que sea un ser humano; nadie puede ser nada peor" (The Man that Corrupted Hadleyburg, pag. 204).

Jorge Luis Borges. Inquisiciones / Otras inquisiciones, pág. 303

Sonrisa del cacto

Sonrisa del cacto Alfonso Reyes En tierra dura, bajo esquivo cielo, ásperamente un cacto verdecía y una púa brotaba cada día imagen de su largo desconsuelo. Helo desesperado y mudo, helo retorcido de sed; y parecía náufrago que...

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El perro

EL PERRO MANUEL JOSÉ OTHÓN No temas, mi señor: estoy alerta mientras tú de la tierra te desligas y con el sueño tu dolor mitigas, dejando el alma a la esperanza abierta. Vendrá la aurora y te diré: “despierta, huyeron ya...

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Las brujas

Las brujas Manuel José Othón –Todas las noches me convierto en cabra para servir a mi señor el chivo, pues, vieja ya, del hombre no recibo ni una muestra de amor, ni una palabra. –Mientras mi esposo está labra que...

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Casta

Casta Enrique González Martínez De la cabaña agreste donde mora la dulce paz con la frugal limpieza, con el cántaro rojo a la cabeza que de tonos de sangre la colora, rapaza de hermosura tentadora que a abrir los ojos al amor...

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Juntacadáveres

Rodeada por el pelo que caía rígido y despeinado, su cara sin pintura, engrasada por el sudor, fija en una desinteresada juventud, sin esconder, exhibiendo, las arrugas en las sienes y encima de la boca, denunciando...

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Juntacadáveres

Entre todos, sin comunicarse, sin saberlo, dieron a la mujer —no hubieran pensado que era un hombre, aunque la letra no revelara, aunque los anónimos hubiesen sido escritos a máquina—una blusa de encaje, pulcra, estrecha y...

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Juntacadáveres

Al principio salieron y llegaron los anónimos impresos, los volantes ominosos, sarcásticos, que buscaban relacionar cada desgracia, cada muerte, cada pérdida, con la presencia de María Bonita en la costa. Había, hay en ellos un...

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