Categoría: guardagujas

Fumador en la banca, humo del jugador

Hay una frase muy sencilla que requiere un puñado de experiencias para entenderse. En su sencillez se encuentra la trampa y en sus consecuencias un dejo de desencanto. Al principio hay un poco de resistencia, pero cuando entra, entra bien y se repite como un mantra, un canto de guerra antes de lidiar contra una bestia que oculta los cuernos: “Tienes que ponerte la camiseta”. No soy inocente. Muchas veces he caído en expresar esa simpleza para invitar una reflexión, un cambio de actitud en el otro, así como me la dijeron muchas veces desde la niñez hasta la juventud y obligaban una mueca por lo cándido del discurso.

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Fumo culpablemente en la soledad (Humo desolado)

Hay algo de tristeza a la hora de comer cuando ella no se presenta y nadie ayuda a lavar platos, picar verduras, poner aceite en el sartén, empanizar carne, cocer pasta. Mi esposa platica en su trabajo, orgullosamente, que la cocina exige de ambos contratantes y sus compañeros algo envidiosos, antojadizos, preguntan todos los días que alcanzamos a cocinar con la economía del tiempo. Descubren el paraíso de la confianza y la charla.

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Un cigarrillo para los dioses del tiempo

En algún tomo, después de miles de palabras, en la búsqueda del tiempo perdido escrita por Proust, el Narrador revela una verdad importantísima: “Albertine es la diosa del tiempo”. Hasta entonces, el sueño espeso del primer tomo que comienza con el beso anhelado de su madre, antes de refugiarse en el sueño, era simplemente el capricho de un niño. En ese pequeño fragmento, un golpe a la intuición, decir lo que es (porque tiene que hacerlo, no puede dejarlo así nada más, no después de todo el tiempo que narrador y lector han compartido un largo camino), ofrece un nuevo sentido a la obra.

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Fumar a la nada

Es el momento donde enciendes un cigarrillo y no cedes a los pensamientos. En silencio, la nicotina y el alquitrán se consumen por el fuego y los pulmones. Tal vez te asomes por la ventana para ver la noche o quizás estás tomando una pausa después de leer cualquier texto. De ahí no pasa. No hay estudio de gravísimas cuestiones o la búsqueda de respuestas. Simplemente uno fuma por el placer de fumar. Te conviertes en el sueño de otro, en la estatua silenciosa de un niño que le pregunta a su madre: “¿Ese señor, mami, que está pensando?”, “¿Esa señora, mami, está triste?”. Puede ser, pensará la madre, o cualquier otro que mire la fotografía.

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Humo del insomne

Cuando dejé de fumar, el humo del cigarrillo ajeno me daba un golpe igual que a los sanos. No llegué a despreciarlo o denostar al vicioso, para mí era como atravesar una línea, un recuerdo. Los fumadores somos niños que miraron a sus padres, a sus abuelos, a sus héroes, dar una bocanada al cigarrillo y quedarse en silencio.

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Casting de las caritas

Un casting de caritas se trata de grabar al sujeto haciendo una serie de expresiones: triste, pensativo, feliz y sorprendido (las emociones pueden variar, según el director). Es un ejercicio básico que cualquier actor de teatro ya debe dominar. Algunos hasta insultados se sienten cuando se les pide, otros sencillamente se divierten recordando alguno de sus personajes.

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Un anciano viejo, viejo

“De todas las cosas extrañas que Alicia vio durante su viaje a través del espejo, esta fue la que recordaba luego con mayor claridad. Años más tarde podía aún revivir toda aquella escena de nuevo, como si hubiera sucedido sólo el día anterior…, los suaves ojos azules y la cara bondadosa del caballero…,”

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